12 oct. 2009

Entrantes.

En realidad el mundo no es exactamente una mierda, aunque supongo que es duro para aquellos acostumbrados a que las cosas sean como son y no querer cambiarlas. No sé, creo que hay personas que tienen miedo a no saber afrontar la vida y se echan atrás ante lo que algún día fue su sueño. En parte es la rutina, el hecho de pensar que tu situación es normal cuando, en realidad, no tiene nada que ver con lo que desearías que fuera.
Los sentimientos son algo complicado, pero las emociones son algo obvio, algo que, por mucho que lo intentes, no puedes evitar. Y eso es lo que da sentido a esta espiral en continuo movimiento, el hecho de estar con tu gente en cualquier antro de la ciudad y verlos bailar y reír y, casi sin darse cuenta, dar gracias a la vida por esos momentos que tanto les llenan.
Es entonces cuando suena absurdo echar de menos y, todas esas noches que lloraste esperando que viniera algo mejor, resultan estúpidas. Porque esa eres tú, una estúpida enamorada de la vida y de los sentimientos que esta conlleva.
Y piensas: "
¡Qué jilipollez!" pero así son las cosas.

Hace no mucho vi una película, Revolutionary Road, y me di cuenta de que yo también tengo ese extraño miedo existencial a caer en la costumbre, a decidir comprarme una casa y compartirla con aquel que será mi pareja y, de pronto, una mañana de domingo, despertarme y ver que se me ha ido la vida, que se me han escapado los sueños, que estoy viviendo una especie de farsa.
Quizás el problema está en considerar normal aquello que, supuestamente, no debería serlo. Además, esa misma mañana de domingo en la que despiertas en completa confusión, también tiendes a girar la cabeza, mirar a tu pareja y preguntarte quién demonios es, cómo y porqué, aquel que era el fundamento de tus sueños, tu guía ante tus deseos, parece ser otra persona distinta y distante.
Siento verdadero pavor por esas mañanas de domingo. Sobretodo porque, no solo tienen que ver con el futuro, sino también con tu día a día, con la gente que te rodea, con tu novio o tu novia, con tu familia, con tus amigos...
En el momento en el que aquello que vives se convierte en una costumbre: estas perdido.

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