30 sept. 2010

Cuatromil días después.

Donde quiera que estés, hoy pienso en tí.
Hace mucho que cayó el telón,
hace mucho que la lluvia vuelve a reírse de mí.
Esperando el momento, recorriendo las calles, achantando un poco las penas, removiendo aún más el pasado: cada rincón de esta ciudad guarda nuestro secreto.
Porque lo peor del amor que termina con un punto y coma es que, tras suspirar sonoramente durante... quién sabe cuanto tiempo, vuelve con intensidad, con ansias, con el mayor de los impulsos.
Y caminas a mi lado y fijas tus ojos en mí. Fijas en mí esas pupilas verdes que algún día no supieron mirarme como lo hacen ahora. Vuelve a nacer esa curiosidad por la chica inconforme, por la chica perididad, por la chica extraña y cálida que camina a tu lado.
Incluso, a veces, llegué a pensar que me odiabas y, ahora, te presentas en mi vida como un vendaval, torciendo el camino de mis emociones cuando más claro lo veía. Tuerces la dirección de mis latidos. El corazón palpita, es cierto, pero también me da un vuelco cada vez que te fijas en que he vuelto a amarte.

Me enamoras.
¿Porqué...?
Quizás por todo, quizás por nada.
Quizás porque siento que has vuelto a descubrirme.
Y eso me engancha.

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