2 oct. 2010

Me haces falta.

Es íncreible cuánto puedo llegar a echarte de menos.
Dos menos tres de la mañana y vuelves a estar en mi cabeza.
A este cuarto le falta otra respiración.

Quiero borrarte, anularte, convertirte en una letra muda en mi vida.
Una H que jamás llegó a ser nada.
Pero es difícil, muy difícil.
Sobretodo cuando me vienen a la memoria ciertos guiños, ciertas frases, ciertos gestos, que sólo son nuestros, que no pertenecen a nadie más, que dan sentido a lo que somos. O a lo que no somos. Porque así van las cosas. Vertical y transversal todo el rato. Tú arquitecto, yo en proceso de filósofa. ¿Qué clase de pareja es esa? Mis padres son los dos historiadores, y congenian, se completan. Uno es de antigua y el otro es de moderna. Joder, y, ¿tú y yo qué? Está claro que somos una historia sin remedio, un renglón torcido. Somos lo que no debió suceder.
Y me enamoré de ti.
Claro que sí.
¿Cómo no iba a hacerlo?
Es ese intelecto, esa manera de hablar, ese caminar pausado, esa tranquilidad, esa euforia. Y yo incondicional. Por supuesto. Porque no hay manera humana de que alguien como yo no acabe por sentir lo que siento por alguien como tú. Paralelos y perpendiculares. Dos rectas que quieren ser curvas para unirse. Y a mí me dejas como una asíntota que no sabe si será transversal en algún momento.

Nada de esto tiene sentido.
Y, quién sabe por qué, es lo que más me gusta de nosotros.
Que somos un error. Somos lo que no debió suceder cierta noche número 14.

¡Dios! Mira mis manos, ¿ves? No pesan nada, ¿ves? Estan flotando, ¿ves?
Pero no acabo de estar conforme.
Porque duele, ¿sabes? Duele que no te dejes llevar.
No es que pretenda que me quieras como te quiero. Ojalá nunca lo hagas. Ojalá no tengamos que bailar vals en la celebración de nuestra boda. Tan solo te pido un tiempo, un tiempo en el que pueda mostrarte lo ALUCINANTE que puede llegar a ser estar juntos.
Juntos de algún modo. No entiendo esa manía de la gente de ponerle nombre a las cosas. Lo nuestro no lo tiene: sobran palabras. Tenemos algo mucho mejor, tenemos la oportunidad de decidir, de escoger una vida de arrebatos, de impulsos, de locura. Como cuando sonaba Crying Lightning en concierto, ¿recuerdas? Me besabas de un modo imposible, como desahogando toda esa atracción que llevabas sintiendo semanas, ¡meses!
Y mis palabras solo son vapor de cristal.
Y mis palabras te llegan pero no te alcanzan.

Llévame al baile.
Joder, no te pido mucho más.
No tenemos que ser como los otros; no queremos ser como ellos. Podemos crear nuestro propio universo, nuestra propia forma de estar unidos y desligados. Como cuando dijimos lo de vivir juntos. Igual podríamos pasar una semana sin hablarnos y querernos igual. Me basta. Es suficiente. Con saber que me quieres está bien. Aunque solo me quieras una semana. Pero, dímelo, dime que me deseas, que a veces te mueres por mi cuerpo en tu cama, que te mata lo insoportable que puede llegar a ser la distancia.
Dame señales de que tenemos algo que puede llegar a funcionar. Algo. Me da igual. Lo que sea. Pero expresame un poquito más lo que quieres.
No es que esté harta de hacerlo todo yo, no es que pida algo a cambio, es solo que me muero por verte sonreír de otra forma. Como si de verdad pensaras que podemos continuar con esas noches.
Te amaba, ¿sabes? Te amé de ese modo inabarcable.
Me desvanecía en un sentimiento, en una emoción.
Me podía esa mirada, esos ojos que me observaban.
Y ahora me reduces a lo peor. Me reduces a pensar que todos estos kilómetros que nos separan, nos separan de verdad. Que entorpecen la sensación que tuve cuando me dijiste que me querías y que no podías, que te pesaba el hecho de que yo sintiera algo más.
¿Qué más dá?
Solo quiero tu olor. Tu olor en mi almohada. Solo quiero que vengas a verme y me digas: "vamos a pasarnos todo el día borrachos", y acabe por ser uno de los mejores días de tu vida. Solo quiero una mirada, un gesto, una palabra, que deje a un lado todo lo demás, que exprese tu vitalidad, tu felicidad.
Sé egoísta, atrévete a suicidarme de tu vida.
¿Acaso conseguirías algo?
Me quieres y te quiero. Y eso es lo que importa.
...y ahora relájate...

1 comentario:

  1. Que sincero.

    A veces es deliciosa la libertad de equivocarse.

    Fdo. La arquitecta de los abrigos largos, de las aceitunas. La enamorada de la vida...

    y de ella.

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