26 oct. 2010

La mítica sonrisa estúpida.

Me gustas más de lo que pensaba. A veces ni yo misma soy consciente de cómo me puede atraer una persona. Pero es esa manera que tienes de abrazarme con la mirada, esos ojos que me observan con ganas de más y ese modo de pronunciar mi nombre con ternura. Cosas tan simples como esas son las que provocan que, a cada instante, me hagas un pelín más feliz.

Supe que me gustarías un martes cualquiera, cuando te ví reír por primera vez, a lo lejos. Lo supe, también, cuando te sentaste a mi lado en el australiano y no eras capaz de mantenerme la mirada. Lo supe. Y ahora, bueno, ahora estás un poco más cerca. Y me hace sentir bien. Porque me vuelvo caminando a casa con esa característica sonrisa de imbécil.

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