14 oct. 2010

Tú, yo... la cama.

Me gustan las lavadoras y ese ruido que tienen de "clon, clon... clon, clon" como si intentaran salir huyendo. Me gusta coger un boli e imaginar, recorrer los renglones del papel y no seguirlos: desmontar las palabras. Pero la guitarra de Humberto se llama Verónica por mucho que me dé por decirle Maria Dolores. O mejor, Mariadoloreh! en plan murciano. Y, ahora que lo pienso, también me molan los estancos, sobretodo los pequeñicos. Algún día tendré uno. Es un sueño absurdo, lo sé, pero me gustan las cajetillas y los paquetes de tabaco amontonados. Y ese olor como a puro, ¿verdad? Y los estantes con Zippos. Mira que me lo tengo dicho, pero mi relación con las escaleras es escabrosa. Ando siempre tropezando. Venga, ¿a quién no le han empujado en el metro? ¿Quién no se ha agarrado sin querer a una mano que no era la de su padre? Que yo también me pierdo, que yo tambien me enfado, que yo también me pierdo por tres segundos con su mirada. Sí, ya, vuelvo a divagar, ¿qué? Me gusta caminar y pensar. Me gustan las plazas con fuentes, y el cesped de la universidad. Y, claro que sí, el olor a café recién hecho. Venga, una vez más: tú, yo... la cama.

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