19 oct. 2011

Jugué una mano perdida

La vida. ¿Qué coño era eso? Entre todo el dolor y la desesperación alguien te dice que te quiere, y parece revelador, aunque puede que no lo sea. ¿Cuántos tipos de te quieros conoces? Prefiero huir descalza y de puntillas a tener que decirlo sin sentirlo, y mira que hay gente que los dice,... y mira que hay gente que cree que los siente. Porque cuando tiras a dar en el blanco, y fallas, todo se quiebra, y es más fácil callarse a reconocer el error. Y cuanto más cuentas la historia, más te la crees. Pero, ¿y si el sentimiento ya no existe? ¿Y si hemos dejado de amar? ¿Es, acaso, el miedo al cambio, a dejar de ser nosotros o, peor, a que los demás dejen de ser como creemos que son, lo que mutila nuestra forma de sentir? Es difícil admitir que todo muere, que quien fue la canción de tu vida ahora tan solo es una ranchera triste, pero, ¿por qué no somos más sinceros? ¿Por qué continuamos admitiendo una falsedad? Tan sólo nos convierte en personas tristes que lloran por afición... Deberíamos saber decir las cosas a tiempo.

1 comentario:

  1. Te echo mucho de menos.
    Pero creo que estoy demasiado dolida como para admitírtelo cara a cara. O por teléfono.

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