20 nov 2010

No me duele hacerte daño.

Lo siento. Sólo se me ocurre decir que lo siento. Pero cuanto más repito esas dos palabras, más parecen un eufemismo. No lo siento. No puedo sentirlo. No me duele hacerte daño. En realidad ni siquiera te valoro como debería. Puedo confesar que en algún momento te desee, sí, aún recuerdo haberlo hecho. Pero ahora no me atrae nada. Nada de lo que dices. Nada de lo que haces. Ni siquiera siento ese extraño cosquilleo cuando me percato de que me miras. Y si tuviera que pedir perdón por algo es por lo que siento. O, más bien, por lo que no soy capaz de sentir. "Siento no poder sentirte". Así hasta casi queda bonito, ¿verdad? Pero las cosas no se pueden decir de ese modo, no cuando van a desilusionar.
Entonces solo me queda el torpe recurso de esconder mi indiferencia.
Aunque acabará por dolerte.
Y el malo del cuento seré yo.

17 nov 2010

Dame una noche, inventa una excusa rara.

No voy a mentirte, he pensado en hacerte el amor más de una vez, más de dos, más de tres. Más de las que puedas imaginar, más de las que pueda recordar. No tengo dónde ir, camino sin dirección, soñando con compartir un par de tus latidos bajo las sábanas de una cama perdida en la ansiedad, en mitad de ningún lugar.
Una tarde para encontrarte,
una noche para perderme,
una mañana para disfrutarte,
un medio día para olvidarlo.
Se hace tarde y mi corazón no duerme, sumergido en la nostalgia de lo que no se hecha de menos, de lo que se desea sin motivo. Es la locura de mi personalidad mediocre. Es el impulso de tumbarte en el suelo de la habitación y cometer una falta en nuestra relación.
Dime, ¿cómo? ¿Cómo hago para apagar el fuego que arde si el único cubo de agua lo tienes tú? Y lo escondes con palabras, entre miradas que desconciertan mis ansias. Ojos verdes, déjate de tonterías. Ya sabes que si llamas, soy la primera en ir.
"¿En tu casa o en la mía?".
Qué más dá, la que más camas tenga.

15 nov 2010

Ven a gritar como antes.

He logrado avanzar. Sin tí.
Ha dejado de dolerme.
Y eso que pensaba que no sería capaz.

Pero ahora, cuando de nuevo pasas a estar a mi lado, siento que vuelvo a retroceder. Momentáneamente. Un paso atrás en la distancia. Un flashback convertido en deja vù.
Cada gesto, cada sonrisa, cada canción la vivo en pasado.
No sé explicarlo.
Te tumbas en la cama, junto a mí, apoyando la cabeza sobre mi hombro, y no puedo hacer más que enlazar mis pies a tus piernas, amoldando mi cuerpo al calor del tuyo. Pero hay algo que ha cambiado. Algo en mí. Algo en tí. Algo que hubo una noche en tu casa de Valencia y ahora he perdido. Me lo dejé en un andén de Tribunal, quizás de Sol.
No sé cómo agradecerte todo lo que me has dado, todo lo que me has dejado sentir. No sé describir lo alucinante que ha sido tener la oportunidad de amarte, y la oportunidad de dejar de hacerlo. Porque rezo por no volver a sentirlo jamás.
Lo necesité. Lo necesitabas.
Pero ya está, ya hay PAZ.

8 nov 2010

Superviviente.

Nunca te he visto más alto
ni más guapo ni mejor.
Te han sentado bien los años
y me alegra oír tu voz.
En el fondo de tus ojos,
donde guardas tus caminos,
lo que llena y lo que duele
y lo que nadie más ha visto,
es ahí donde me quedo.

Y en mi nueva paz: respiro.

Ella Baila Sola

3 nov 2010

Blue skies from pain.

La arena estaba templada y yo permanecía sentada, inmóvil, abstraída, notando bajo mis pies cada pequeño grano de esa inmensidad. La playa casi parecía otra al ser de noche.
Siempre olvido cuánto me gusta el mar.
La botella de ron animaba mis pensamientos de un modo extrañamente triste. Nunca pensé que el dolor pudiera sentirse con tal profundidad en un par de tragos: a medida que el líquido descendía, mi pesar incrementaba. Me inundaba esa clase de embriaguez que caracteriza a los bebedores crónicos. Ese querer ahogar algo que vive en el interior.
Entonces apareciste tú.
No me dí cuenta hasta que no te sentaste a mi lado y me ofreciste un Lucky. Fue como compartir el dolor, aunque ni siquiera supieras de qué se trataba. Nunca te pedí que te quedaras, pero supiste quedarte. En silencio, claro. Hablando un poco con el alma, un poco con los gestos. Tratando de difuminar mis pensamientos con tu presencia.
Siempre tuviste esa curiosa capacidad para sacarme del mundo y trasladarme a esa incomprensible dimensión de la música. Ese lugar donde no existen tiempo y espacio. Donde ahora es ahora y todo es eterno. Me hubiera quedado a vivir en ese instante, sin pensar en las horas que vendrían luego. Te hubiera dejado invadir ese tramo de mi que nadie logra tocar. Pero en el mundo real... en el mundo real todo es distinto.

2 nov 2010

Rincones abandonados.

Apoyé la cajetilla sobre el mármol frío y encendí un cigarrillo en busca de algo de paz. El humo se filtraba en mis pulmones del mismo modo que mis cavilaciones atravesaban mi mente. Me pregunté cómo sería todo al salir de esa habitación, cómo haría para encajar de nuevo mi mundo. Pensé en la vida que jamás tendríamos, en las cosas que no llegaríamos a decirnos. Jugueteé con la idea de volver a encontrarnos en una tarde de lluvia de verano.
Aún dormías, ajeno al maremoto de ideas que atormentaban mi cabeza. Aún dormías, creyendo estar abrazado a mi cuerpo todavía. Aún dormías, tranquilo entre el barullo de sábanas blancas que te rodeaba.
Soñando, quizás.
Traté de convencerme de muchas cosas, pero lo único que deseaba era evitar el olvido. Evitar que todo aquello quedara en un vago recuerdo de un pasado muy lejano, evitar que se convirtiera en escarcha, congelada, tras una noche de delírio humano. Pero mi cabeza no encontraba paz: reposada sobre la barandilla de aquel balcón, observando cada tramo de su piel, inhalando nicotina y alquitrán. Difuminando versos, queriendo convertirlos en caricias, en besos, en suspiros. Calculando cada movimiento cansado de su cuerpo buscando la postura más comoda sobre el colchón. Sabiendo que ese cuarto sería nuestro secreto.

Te podría haber amado, para siempre. Podría haber sido tu guarida, tu pilar, tu sustento. Podría haber apartado todo ese dolor. Pero tú nunca quisiste pertenecer a ninguna parte y, por mucho que busqué, jamás encontré ese lugar. Pero entonces yo no era quien soy ahora.

1 nov 2010

Hoy no me llena nada que no seas tú.

Hoy ya no sé qué quiero. Hoy lo daba todo por dos segundos con su risa, con sus palabras, con sus manos al hablar. Hoy abandonaría el mundo solo para huír de la realidad. Volvería a aquel velero con nombre de submarino y acariciaría el mar. Me dejaría llevar por la brisa marina de esos momentos plenos, de noches en vela entre cigarrillos y cavilaciones.
Es fácil echarle la culpa al recuerdo y hundirse en la nostalgia. Reconozco que nunca he sido capaz de vivir mi presente sin pararme en el pasado. Reconozco esa frustración, esa desilusión, ese sentimiento de culpa al no haber aprovechado lo suficiente el instante.
Pero hoy no sé qué quiero y tengo celos del que vive sin pensar. Hoy quiero desligarme de todo y no encuentro la forma, no hay manera humana de dejar de echarla de menos. Mi casa, mis emociones, mis actos y mis pasiones, mi tristeza y mi alegría, llevan tatuado su nombre. No hay nada mío que no se pose en esas siete letras.