I will remember your small room, the feel of you, the light in the window, your records, your books, our morning coffe, our noons our nights, our bodies spilled together, sleeping, the tiny flowing currents, immediate and forever, your leg my leg, your arm my arm, your smile and the warmth of you who made me laugh again.
Quiero sentir la vida, irme con el dinero como Renton, morir por una canción como en aquel libro de Belen Copegui, hundirme en el solo de Stairway to Heaven, romper con el hábito, con la costumbre. Quiero comerme el mundo y viajar, desafiar a los sentimientos. Quiero sentir rabia y mover mi existencia a otro plano. Quiero correr delante de la policía y sentir que pertenezco a algo, por absurdo que sea. Quiero hacer algo grande.
Va contra todos mis principios musicales que me guste la música de un personaje como Lana del Rey, pero quizás es eso lo que más me atrae de ella: el hecho de haber conseguido captar mi atención incluso siendo tan ¿comercial?, vamos, incluso habiéndome hartado a ver el clip de Video Games en Cuarenta TV.
¿Qué hace de esta moza de 26 años alguien relevante en el mundo actual de las discográficas?
Dos factores bastante sencillos. El primero es que tiene un rango de voz increíble, que va desde el más grave estilo de Johny Cash hasta el más agudo de los agudos de Freddie Mercury. Y juro no estar exagerando, no hay más que escuchar Blue Jeans para demostrar el grave y Off The Races para el agudo.
El otro factor es que se inspira en una época no actual, y eso vende, y mucho. Esa quizás algo fracasada publicidad para H&M nos lo dice todo: a Lana le molan los 50 americanos (por no hablar del guiño a la familia Kennedy en National Anthem).
Y yo me quedo con este último descubrimiento:
Escuchaba a Calamaro y se reía con los chistes de vascos. Se arrancaba por bulerías al tocar una guitarra con nombre de mujer. Prefería el café sólo y con mucho azúcar. Estudiaba historia y amaba la literatura. Era impaciente pero sentimental, una de esas personas que saben lo que es amar. Me enseñó toda esa música que se trajo de la patria y cantamos Radiohead como si no existiera un mañana. Nos encontramos en una ciudad que no nos pertenecía pero que acabamos por hacer nuestra. Fuimos seres solitarios que se juntaron para salvarse de la nostalgia que produce estar lejos de nuestro Avalon. Configuramos un camino al que poder regresar. Porque las noches son nuestras si acabamos tocando Creep.
Si te vas no quedará en el mundo en quién confiar,
me quedaré en la cama sin descansar,
rogándole al cielo no despertar jamás
si no es tu cara lo que trae la mañana....