No debemos regresar a los lugares del pasado cuando hemos dejado de habitarlos. La nostalgia es una peligrosa manera de idealizar el pasado, y es duro encontrarlo derruido o cambiado, aunque solo se trate de un mínimo detalle. Hay que tener cuidado al conservar los recuerdos que albergamos, sobretodo los que residen en lo más hondo de la infancia, en lo más pleno de la juventud.
Pero, aún así, regresamos. Porque tenemos la esperanza de que esos lugares continúen intactos, de la misma manera que los tenemos en la memoria. Regresamos porque necesitamos nuestro pasado para recordar quiénes somos, de dónde venimos. Es una trampa de la mente porque es inevitable que las cosas cambien, así como lo hemos hecho nosotros. Así que regresamos, y encontramos esa tierna casa en la que disfrutamos de las mejores meriendas de cumpleaños, destruida, dejada al mecer del tiempo.
Y durante un instante nos sentimos así, como la casa, rotos, despedazados por el devenir. Pero siempre habrá esperanza.
I will remember your small room, the feel of you, the light in the window, your records, your books, our morning coffe, our noons our nights, our bodies spilled together, sleeping, the tiny flowing currents, immediate and forever, your leg my leg, your arm my arm, your smile and the warmth of you who made me laugh again.
Quiero sentir la vida, irme con el dinero como Renton, morir por una canción como en aquel libro de Belen Copegui, hundirme en el solo de Stairway to Heaven, romper con el hábito, con la costumbre. Quiero comerme el mundo y viajar, desafiar a los sentimientos. Quiero sentir rabia y mover mi existencia a otro plano. Quiero correr delante de la policía y sentir que pertenezco a algo, por absurdo que sea. Quiero hacer algo grande.
Va contra todos mis principios musicales que me guste la música de un personaje como Lana del Rey, pero quizás es eso lo que más me atrae de ella: el hecho de haber conseguido captar mi atención incluso siendo tan ¿comercial?, vamos, incluso habiéndome hartado a ver el clip de Video Games en Cuarenta TV.
¿Qué hace de esta moza de 26 años alguien relevante en el mundo actual de las discográficas?
Dos factores bastante sencillos. El primero es que tiene un rango de voz increíble, que va desde el más grave estilo de Johny Cash hasta el más agudo de los agudos de Freddie Mercury. Y juro no estar exagerando, no hay más que escuchar Blue Jeans para demostrar el grave y Off The Races para el agudo.
El otro factor es que se inspira en una época no actual, y eso vende, y mucho. Esa quizás algo fracasada publicidad para H&M nos lo dice todo: a Lana le molan los 50 americanos (por no hablar del guiño a la familia Kennedy en National Anthem).
Y yo me quedo con este último descubrimiento:
Escuchaba a Calamaro y se reía con los chistes de vascos. Se arrancaba por bulerías al tocar una guitarra con nombre de mujer. Prefería el café sólo y con mucho azúcar. Estudiaba historia y amaba la literatura. Era impaciente pero sentimental, una de esas personas que saben lo que es amar. Me enseñó toda esa música que se trajo de la patria y cantamos Radiohead como si no existiera un mañana. Nos encontramos en una ciudad que no nos pertenecía pero que acabamos por hacer nuestra. Fuimos seres solitarios que se juntaron para salvarse de la nostalgia que produce estar lejos de nuestro Avalon. Configuramos un camino al que poder regresar. Porque las noches son nuestras si acabamos tocando Creep.
Si te vas no quedará en el mundo en quién confiar,
me quedaré en la cama sin descansar,
rogándole al cielo no despertar jamás
si no es tu cara lo que trae la mañana....
Estoy cansada de caerme y que no te des cuenta, y sin embargo ser siempre la primera en recogerte cuando el mundo te derrumba. Estoy cansada de estar pendiente, de preocuparme, de pretender recuperar un tiempo que nunca nos dimos. Me revienta tener que fingir, y aun así no soy capaz de mantenernos de otra forma. No sé actuar si te tengo delante, no sé defenderte cuando no estás. ¿Qué me queda de ti? Apenas nada. Un vinilo, una foto, 9 miligramos de nicotina. Porque te busco pero apenas estas ahí. Eres una silueta ausente en mi vida.
Estoy cansada de responder por ti, de dar explicaciones, de cubrirte con coartadas que no se mantienen. Estoy cansada de no existir, de ser lo último, de nombrarte. Estoy cansada de que solo cuentes conmigo para lo bueno. Estoy cansada de no saber quién eres. Y aun así, echarte de menos.
Nadie tiene el corazón tan grande como Ernesto. Ni siquiera yo.
Es curioso lo injusto y autodestructivo que puede llegar a ser el amor.
Supongo que el chico de la guitarra y yo nos destruímos el uno al otro. Quizás porque era difícil lidiar con alguien tan desequilibrado como yo, o porque parecía imposible polemizar su concepto de la lealtad. O quizás, simplemente, fue porque nunca antes habíamos estado enamorados.
Dicen que asumir un sentimiento tan potente y devastador es sencillo, pero no es nada fácil. No basta con sentirlo, hay que oírlo: hacerse pequeña, frágil y reconocerlo.
Lo peor de la fuerza de voluntad es la recaída.
El momento en el que flaqueas, en el que un chasquido en mitad de la noche, un golpe seco en la oscuridad, hace que todo se tuerza. Y ni siquiera eres capaz de oponer resistencia.
- No entiendo por qué tienes tantos problemas para ligar con las tías...
- Pues porque a mí no me pone la chavala de la micro-minifalda que baila con sus amigas pretendiendo se el centro del universo. A mí me mola la pava de los pantalones ceñidos que hace el paso ese de agarrarse la pierna por el tobillo a lo Steve Urkell.
- Y, ¿eso qué tiene que ver?
- Pues que, a la primera, con echarle una mirada y pegarte a bailar, lo tienes todo ganado. Pero con la segunda tienes que inventarte algo ingenioso para hacerla reír. Y no sabes lo jodido que es eso.
Tal y como decía mi profesor de Metafísica, Angel Luis Gonzalez, "el estudio del ser se ha olvidado de tal manera, que incluso hemos olvidado ese olvido".
He tardado casi dos años en comprender el verdadero significado de aquella frase para darme cuenta de que mi maestro estaba equivocado.
Cada vez que me siento a estudiar Historia de la Filosofía Antigua acabo cayendo en los caminos de la amargura por un motivo bien simple: todos esos "grandes" de las escuelas Jónica e Itálica me parecen ingenuos o, incluso, verdaderos mentecatos.
¿A qué viene eso de los pitagóricos de que el arjé está en los números? ¿Y la fijación de Anaxímenes con el aire? ¿Y esa casi adoración de Heráclito por el fuego? Y, ¿qué me dices del Poema de Parménides?
Entonces es cuando voy corriendo a mi padre y le digo aquello de "estos griegos no parecen tan listos", y él me contesta ese pétreo "es que lo miras con ojos occidentales, Martita".
Y he ahí la respuesta: la física atómica se ha comido a la ontología.
Por eso, quizás, no ha desaparecido el estudio del ser, sino que ha dado un paso tan grande que se ha visto obligado a abandonar la teoría filosófica para empezar su nueva carrera como posibilidad física.
Mi profesor se equivocaba; no hemos olvidado ese estudio, sino que se lo hemos cedido a aquellos que pueden, ahora, abarcarlo.
Si los pensadores antiguos estaban equivocados era sólo porque no tenian los medios para conocer ese mundo imperceptible de partículas atómicas y subatómicas.
¡Ay de nosotros si Aristóteles hubiera tenido un microscopio de efecto túnel!
- No, paso. Ya sé que podría decirle algo del estilo "Estas muy equivocada si crees que sigo estando aquí para ti...". Pero paso. Prefiero no decirle nada. Prefiero no contestar.
- ¿Por qué?
- Porque creo que duele más.
Porque no puedo perdonarle la ausencia, así como no puedo perdonarle que no viniera a verme. No puedo perdonarle el daño que causó ni el dolor que me provoca. Porque creo que ni siquiera se lo merece. Y eso que a mi me duele más que a ella.
Y entonces resulta tan sencillo amar, y aquello de "creo que el mundo es un poco menos malo, porque existes". Porque has encontrado a una persona que te hace reír cuando lloras, y te besa cuando sonríes, y te hace tortitas para desayunar si se despierta y tú aún no has amanecido. Entonces todo parece tan simple, tan posible, que ni siquiera te asusta el hecho de que alguien llegue a conocerte tanto como para calarte en una sola mirada, como para tener la información adecuada para hacerte daño.
Porque entre todas las vueltas de la vida, has encontrado a un hombre bueno.
Y le quieres.
- No es nada, es sólo que, a veces... Ya sé que estás harta de esto, pero, a veces, miro atrás y... y nos veo, ¿sabes? Nos veo como éramos antes. Con toda la música, con todo el tabaco, con toda la bebida. Los amigos, el Ocean, mi casa...- hace una pausa para fumar -. Miro atrás y... y no lo entiendo. Ya sé lo que vas a decir, ya sé que estoy otra vez con la misma mierda, que me centro demasiado en el pasado pero, joder, ¿no lo ves? ¿No te das cuenta?
- ¿Es que no ves tú que la gente cambia...?
- Si, ¡si, joder! Pero no me refiero a eso. Si, estuvo genial, fue la hostia, pero no estoy hablando de eso.
- Entonces no entiendo de qué me estas hablando.
- Lo que intento decir es que, ayer... bueno, estos últimos días, he estado pensando, le he estado dando vueltas, a nuestra relación; a cómo éramos y cómo somos. Y... y no soy capaz de recordar la última vez que diste algo por mi. Y no lo digo con reproche, sino con una tristeza infinita.
Entonces haría ese gesto de incomprensión con la cabeza, como entrecerrando los ojos, y pronunciaría un "¿¿Qué?!" al que yo ya no estoy dispuesta a contestar. Desviaría la mirada a otra parte pasándose la mano por el pelo, negando con la cabeza, suspirando.
Pero ya da igual.
No es tanto el saberlo como el sentirlo. Porque conoces esa palabra y la has vivido en tus huesos, la has albergado en tu alma; le has dado cobijo en días de lluvia y en noches de vientos y soledades. Porque el egoísmo aumenta a medida que avanzan las semanas, porque luego solo queda el vacío. Inerte, y en expansión.
Quizás si pudieras recordar cómo lo hiciste tú, cómo escapaste de un hoyo que vive en ti y se alimenta de la angustia. Quizás si existieran palabras para una pregunta que no tiene respuesta. Quizás entonces sería más sencillo pronunciar un "lo siento" sin que hiciera mella en el espíritu de ambas personas.
Porque estas cosas te las esperas, porque es inescrutable el hecho de que todos moriremos; pero aún cuando lo anuncian, siempre queda la esperanza. Porque siempre hay una parte de ti que desea creer que no ha sucedido nada, que sólo es un bache, que se te pasará como hace la primavera con el invierno. Pero si el axioma es falso, no hay silogismo posible que lo respalde. Porque no puedes convencerte de algo que es mentira.
Entonces piensas en Shakespeare y en aquello de "muere" al final de Macbeth. Porque quizás lo peor de la muerte es que da vida a algo que ya no existe, y es difícil creer que hay algo más. Porque, aunque lo hubiera, de nada nos sirve a los que seguimos vivos...