15 sept 2010

Mar, el poder del mar.

Callada, a su lado, mientras él habla de lo que siente, arrimando la distancia, soy la persona más feliz del mundo. Callada, a su lado, mientras nuestros besos no dicen nada y lo dicen todo, soy la mujer más feliz del mundo.
Hablo poco; ya he invertido demasiadas palabras; ahora me toca enmudecer y escuchar. Escuchar todo aquello que nunca ha sabido contar, todo ese cúmulo de emociones que pocas veces comparte. Me toca recorrer ese tramo que mis preguntas achantaba.
Empleé mucho tiempo en hablar, considerando que no había nada en el silencio. Y, sin embargo, cuando menos me lo espero, estamos sentados sobre el capó de un coche blanco y permanezco callada, admirando a la gran persona que tengo al lado. Y es entonces, en ese preciso instante, cuando me doy cuenta de que nunca he dejado de amarle.
Y permanezco callada, a su lado, escuchando lo que él siente, dejando de lado la distancia, sintiéndome la persona más feliz del mundo.

10 sept 2010

Aunque tú no lo sepas.

Aunque tú no lo sepas,
me he inventado tu nombre.
Me drogué con promesas
y he dormido en los coches.

Aunque tú no lo entiendas,
nunca escribo el remite en el sobre
por no dejar mis huellas.

Aunque tú no lo sepa,
me he acostado a tu espalda.
Y mi cama se queja fría
cuando te marchas.

He blindado mi puerta
y al llegar la mañana
no me di ni cuenta
de que ya nunca estabas.

Aunque tú no lo sepas,
nos decíamos tanto
con las manos tan llenas,
cada día más flacos.

Inventamos mareas,
tripulábamos barcos.
Encendía con besos
el mar de tus labios

...y toda tu escalera.

Quique Gonzalez.

8 sept 2010

Él.

Su tremenda sencillez, su ingeniosa imaginación, su lógica intelectual, el calor de su cuerpo, el color de su piel, el sonido de su risa loca y feliz, el tacto de sus manos, la fuerza de sus convicciones, el recuerdo de una foto en medio de una fuente, el amanecer resacoso de un sábado en el que pensé en hacerle el amor, la súbita esperanza de que no hubiera final. Las noches ebrias repletas de besos que ahora solos saben a mentira y a nostalgia, la extraña melancolía por las mañanas acostada a su lado, la música que daba sentido a nuestra locura y el día más feliz de su vida. Las palabras que sobraban y la atracción del mar. El pasar mi mano por su pelo. La madrugada que me despertó llorando, el cariño de su mirada, la dulzura de sus besos de esquimal, el eterno sueño de ser capaz de amar. La quietud de su caminar, el perderme en su cuerpo, su hablar en el silencio, su respiración lenta y profunda, la belleza de su ingenuidad.

6 sept 2010

Entre el alcohol y el silencio.

Entre el alcohol y el silencio, esta noche la atracción y la locura se vienen conmigo a la cama. Entre el humo y la música, se debaten la amistad y el magnetismo sobre este colchón.
Situación extraña. Situación inestable. Situación esperada.
Y, sin embargo, después de todos esos besos, después de todo ese movimiento, una vez más, me demuestra el valor de lo nuestro.
Luces ténues através de la ventana, pensamientos contradictorios y dos cuerpos llenos de una emoción que antes o después debía aparecer. Quién sabe porqué hay una línea tan fina entre querer y desear, entre amarse y odiarse.
Y mientras mis dedos recorren su espalda, mientras le escribo un poema a su cuerpo, no ceso de preguntarme cómo hemos llegado hasta aquí, hasta esta cama que tanto tiempo ha estado congelada. Y ahora el calor de un cuerpo ajeno templa el frío de noches de infinita tristeza. Y ahora mi amor por él crece en calidad. Y ahora volvemos a perder la cabeza.
Porque es difícil contenerse cuando me doy cuenta de que me encantan sus manos, sus muñecas, sus brazos, el sabor de sus labios, la firmeza de su piel, el color de su cuerpo, su nariz, su tripa, su corazón cuando late intensamente: incesable, imparable. Porque es complicado entender qué acaba de suceder.
Y, sin embargo, nada ha cambiado.
Seguimos siendo él y yo.
Y nuestras noches de ebriedad y filosofía.
Te quiero, no lo olvides.

1 sept 2010

Pensamientos dispersos en un bar.

Me siento en la barra, ¿me pido un café o una caña? Doce de la mañana y no sé si es una hora ebria o una hora sobria. Me emborracha la felicidad, me despiertan las ganas de vivir. Paquete de Cutter Choice, filtros y papel. Me lio el mejor cigarro de mi vida, de esos que piensas "joder, que redondo, que fino, que perfecto". Me lo fumo poco a poco, me empapo del humo avainillado. Abro la Rolling y Roger Waters anuncia la gira de The Wall. ¡Qué cojonudo! Y además recrearán el muro. Me muero, entre 50 y 250 euros la entrada. ¿Qué coño es el dinero más allá de ruido en el bolsillo y billetes en la cartera? Con cinco monedas me vale para unos bricks y noche resuelta. Retiro, Búnquer, China o Croacia. Para viajar me compro LSD y me ahorro el ruido del avión. La radio peta los éxitos del verano. Canciones sin alma. Para personalidad me quedo con la de mis amigos. Vivo de madrugada. Calimocho siempre con mora y para Cien Montaditos el de Montera. Clip clap del zippo y vuelve a prender el cigarro. Hoy ha sido un día largo, mañana la noche se me quedará corta.

23 ago 2010

Casiopea.

Silencio.
Sublime silencio entre tú y yo.
Y el ruido de las pipas.
Ese simple y absurdo crujir.
Tú y yo en un balcón con vistas al mar,
ese pequeño Mar de mi Alma.

Continúa el silencio.
Incluso olvido lo cobarde que eres.
Incluso olvido lo estúpida que soy.
Y me vuelvo torpe por segundos con tu mirada sobre mi.
Una mirada serena, repleta de ese odio profundo que sientes por mi.
Ese odio que trata de esconder todo el amor que nos rebosa.
Y estoy segura de que es una tontería, de que puede que me esté matando pero, es imposible que alguien como yo no acabe por enamorarse de alguien como tú.
Y eso que enamorarse no es sencillo,
no basta con sentirlo; hay que oírlo.

16 ago 2010

Valor, agallas y fortaleza.

Este texto es difícil. El más difícil, quizás.
Este texto dice adiós a algo. A un sentimiento. A una persona.
Este texto habla de el mar descolocado de mis emociones.

Abandonar a quien se ama no es sencillo. Hace falta valor y agallas y fortaleza. Y yo casi siempre he carecido de esas cualidades. No soy una persona valiente, y lo admito. Pero esta vez me hace falta. Esta vez necesito mentirme, engañarme, convencerme de que esa otra persona no debe existir para mi.
En sí es complicado retener el constante impulso de llamar y negar todo lo que dije la otra noche. En sí es complicado retener las ganas de escribirle algo que nos devuelva a la extraña situación de antes. Pero, lo más complicado, lo que más duro se me hace, es el hecho de verme obligada a asumir que no merece la pena sentir lo que siento por él. El hecho de darme cuenta de que llevo un año haciendo el imbécil tratando que Tono cambie, tratando que asuma su miedo y su cobardía, tratando que acepte que es capaz de amar.
Y ahora todo me da miedo.

Ojalá me atreviera a decirle todo lo que nunca me atrevo a decirle. Ojalá pudiera confesar lo torpe y estúpida y rara que me siento ahora mismo. Ojalá él recordara todo aquello que me ha dicho en nuestras noches de borrachera.
Porque, lo que más me duele, lo que más me destroza, es el haberle visto amarme y que él no se de cuenta. Porque a veces siento que muero cuando no sabe decir que me quiere. Porque no entiende nada sobre sentimientos, porque no se conoce, porque no se entiende, porque nunca se deja la piel por nada. Y yo estoy cada dos por tres jugándome el pellejo. Intentando creer que seré capaz de cambiarle, que conseguiré sacar todo aquello que guarda dentro y no es capaz de comprender.
Pero se acabó.
Me cansé de pegarme una y otra vez contra la misma puerta.
Esa puerta que me cierra en las narices cuando le entra el miedo.
Y, aunque le quiero como nunca he querido a nadie, no puedo tenerle cerca.
Porque me derrumba el ver lo ciego que está.