15 jun. 2010

Con un círculo rojo.

Creo que he calculado mal. Aunque quizás el error esté en haber intentado calcularlo... porque así no es cómo funciona el amor, ¿verdad?
He escrito tantas veces sobre ello, sobre algo tan sumamente abstracto, que casi siento que es algo fácil. Bueno, tampoco es que sea algo complicado. En realidad enamorarse es sencillo, es una de las cosas más simples del mundo. La cosa se complica cuando te das cuenta. Es como si hubieras estado toda tu vida convencido de que fumabas Camel y, de pronto, te sorprendes comprando Lucky.
Entonces caes en la cuenta de que siempre ha sido así, de que todas tus cajetillas son blancas con un círculo rojo. Y entonces... ¡PLAS! reconoces que estás enamorado. ¿Porqué? ¿Cómo? ¿Cuándo? Ni idea. Lo único que sabes es que estás enamorado. Y que no tiene remedio.

Y la verdad es que eres un imbécil.
Y la verdad es que yo también te odio ligeramente.
Pero supongo que lo que realmente odio sea el ser yo el doble de imbécil. Porque no dejo de quererte.

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