30 nov. 2010

Paranoias mentales made in me.

A veces se me clava una palabra en la cabeza y me paso todo el día repitiéndola. Una y otra vez la misma palabra. Juego con ella buscando sinónimos y conjugándola de todas las maneras posibles. También intento olvidarla, de vez en cuando, pero ella no me deja. Revolotea en cada uno de mis pensamientos, y cuando ocurre que alguien la pronuncia en una conversación, ya sea conmigo o ajena, me da como susto. Me convezco tanto de que sólo existe en mí, que el hecho de que otra persona la mencione, es como si me la estuviera robando. Y pienso: ¡eh! ¡esto es territorio privado! Pero está claro que una palabra no puede ser mía. Las palabras son de todo el mundo y, por mucho que me empeñe, no puedo hacer que eso cambie. La única huída sería inventarme una, entonces si que sería totalmente de mi propiedad. Pero, claro, crear una nueva palabra solo para mí es absurdo, porque si no se utiliza, carecería de significado.

Hit, harder.

That's what happens, sometimes life hits you and the anger grows. Missunderstanding comes from everywhere, thoughts collide like fluttering butterflies in your mind. There's no get away when you're trying to escape from yourself. Then you can only pray for the strenght enough to go on and shout: hit harder.

28 nov. 2010

La vita é bella.

- Eh... dimenticavo di dirle...
- Dica...
- ...che ho una voglia di fare l'amore con lei che non si puó immaginare. Ma questo non lo dico mai a nessuno, soprattuto a lei. Mi dovrebbero torturare per farmelo dire.
- ¿Dire cosa?
- Che ho voglia di fare l'amore con lei. Ma non una volta sola, in tante volte. Ma a lei non lo diró mai. Solo se diventassi scemo le direi che farei l'amore con lei qui, davanti a casa, per tutta la vita.

Torpezas.

Este es el último cigarrillo de la noche. Luego me iré a la cama e intentaré no darle más vueltas al tema, dejaré que el sueño se apodere de mí sabiendo que mañana despertaré siendo otra persona.
Voy a dejar de esperar, no tiene sentido. Es absurdo tener la esperanza de que moverás un dedo por mí. Si aún no lo has hecho, dudo que pueda suceder. Además, he de aceptar que es tarde, que ya no me valen esas dos palabras saliendo de tu boca: no es suficiente.
Siempre pensé que valía la pena, que todo ese dolor, que toda esa tristeza sopesaba con el hecho de tener tres segundos de tu risa, dos centímetros de tu piel, una noche con tus palabras. Pero estoy cansada y arrepentida, y no quiero seguir con esto.
Tú me advertiste, yo hice lo posible por callar tu discurso.
Ahora me doy cuenta de que era verdad.

25 nov. 2010

Búscate otro lugar.

Por las mañanas café con tostadas,
por las noches tan solo nostalgia.
Y esta copa de whisky llenándome de nada,
y estas marcas de los besos nunca dados.
Angel maldito, arma de doble filo,
vete para no volver jamás.

24 nov. 2010

El miedo es como una caja de cerillas.

He dejado de torturarme. A veces es demasiado sencillo perder los papeles y dejarse llevar por la rabia que produce el dolor. He de asumir que me tocaba perder, aunque me cueste aceptar lo equivocada que he estado, lo torpe que he sido y lo mal que he actuado durante este último año. He de tomármelo con calma. El abismo de las emociones instintivas es grande, muy grande.
No sé dónde leí que el miedo es como una caja de cerillas. Está todo recogido en millones de pequeñas cabezas de fósforo y, cuando una se prende, el resto comienzan a arder como de golpe. Por eso hay que saber desmenuzarlo, separar los palitos poco a poco y dejar que se enciendan uno a uno.
Esta vez tengo que dudar que la culpa sea mía, aunque, en realidad, lo único que debería hacer es no buscar siempre un responsable. Las cosas suceden sin más y yo soy la primera en creer en la casualidad como motor de los hechos.
Supongo que me he asustado porque me he vuelto a ver profundamente perdida. En ocasiones no es fácil reconocerse a uno mismo y, al suceder esta barbaridad, todo lo que creía ser ha empezado a quebrarse. Sin embargo, hay que confiar en el poder de reinventarse y mirar hacia delante como si se tratara de un reto personal.
En el fondo, lo es, siempre lo es.
Asique, vuelta a empezar, una vez más.
Con la cabeza alta y mi mejor sonrisa.

23 nov. 2010

Puedo joder.

Quiero hacerte daño. Quiero derrumbarte con preguntas. Quiero joder algún tramo de tu vida. Quiero decirte lo que nunca nadie se atrevió a nombrar. Quiero convertirme en tu gran odio, en el motivo de tu cólera. Quiero ser tu rabia siempre contenida, la naturaleza muda de tu pecado.
Quiero dejar de ser la engañada. Quiero dejar de ser la que vive bajo la mentira, la última en enterarme, la primera en dolerse. Quiero olvidarte.

22 nov. 2010

Señor agente,

soy víctima de un amor fracasado. Soy la pieza clave de este engaño. Le amé. Me ¿amó? Le odio. No me acuse de este intento de asesinato, fue él quien infundó en mí todo este odio. Él es el culpable de esta mentira, de esta rabia que ha nacido. Entiéndalo, fue fácil apretar el gatillo, no tuve más remedio. Lo siento, señor policía, merecía ser suicidado.

All my thoughts are of ice.

Una propuesta indecente. Eso es lo único que tengo pendiente contigo. Ese es el motivo de este silencio. Este quiero y no se cómo moverlo. Este no tener palabras. Este solo pensar en actos.
¿Acaso es normal?
Despertaste el deseo desde el primer momento en que te ví llegar. Destapaste sentimientos que creía olvidados. Los guardé, traté obviarlos, apartarlos de mí. Supe que cada día se harían más intensos, más rebeldes. Los mantuve bajo llave durante estos largos años. Y ahora tú decides qué hacer con ellos. Sin preguntar. Osando por encima de todo lo que soy.
¿Acaso debo dejarte?
Tendré que borrar este pensamiento. Tendré que empezar a actuar. Desaparecer, quizás. Volver a tu tierra. Pisar. Con fuerza. Aplastar. Ahogarme en tu mar.

20 nov. 2010

Aún no logro comprender.

- En algún momento me dijiste que dudaste. Que sentiste que tenías que elegir entre ella y yo, y que me escogiste a mi, ¿recuerdas?
- Sí, me acuerdo.
- Entonces, ¿por qué no me siento escogida?
- ... es que no se trataba exactamente de escoger, es más complicado que eso...

No me duele hacerte daño.

Lo siento. Sólo se me ocurre decir que lo siento. Pero cuanto más repito esas dos palabras, más parecen un eufemismo. No lo siento. No puedo sentirlo. No me duele hacerte daño. En realidad ni siquiera te valoro como debería. Puedo confesar que en algún momento te desee, sí, aún recuerdo haberlo hecho. Pero ahora no me atrae nada. Nada de lo que dices. Nada de lo que haces. Ni siquiera siento ese extraño cosquilleo cuando me percato de que me miras. Y si tuviera que pedir perdón por algo es por lo que siento. O, más bien, por lo que no soy capaz de sentir. "Siento no poder sentirte". Así hasta casi queda bonito, ¿verdad? Pero las cosas no se pueden decir de ese modo, no cuando van a desilusionar.
Entonces solo me queda el torpe recurso de esconder mi indiferencia.
Aunque acabará por dolerte.
Y el malo del cuento seré yo.

17 nov. 2010

Dame una noche, inventa una excusa rara.

No voy a mentirte, he pensado en hacerte el amor más de una vez, más de dos, más de tres. Más de las que puedas imaginar, más de las que pueda recordar. No tengo dónde ir, camino sin dirección, soñando con compartir un par de tus latidos bajo las sábanas de una cama perdida en la ansiedad, en mitad de ningún lugar.
Una tarde para encontrarte,
una noche para perderme,
una mañana para disfrutarte,
un medio día para olvidarlo.
Se hace tarde y mi corazón no duerme, sumergido en la nostalgia de lo que no se hecha de menos, de lo que se desea sin motivo. Es la locura de mi personalidad mediocre. Es el impulso de tumbarte en el suelo de la habitación y cometer una falta en nuestra relación.
Dime, ¿cómo? ¿Cómo hago para apagar el fuego que arde si el único cubo de agua lo tienes tú? Y lo escondes con palabras, entre miradas que desconciertan mis ansias. Ojos verdes, déjate de tonterías. Ya sabes que si llamas, soy la primera en ir.
"¿En tu casa o en la mía?".
Qué más dá, la que más camas tenga.

15 nov. 2010

Ven a gritar como antes.

He logrado avanzar. Sin tí.
Ha dejado de dolerme.
Y eso que pensaba que no sería capaz.

Pero ahora, cuando de nuevo pasas a estar a mi lado, siento que vuelvo a retroceder. Momentáneamente. Un paso atrás en la distancia. Un flashback convertido en deja vù.
Cada gesto, cada sonrisa, cada canción la vivo en pasado.
No sé explicarlo.
Te tumbas en la cama, junto a mí, apoyando la cabeza sobre mi hombro, y no puedo hacer más que enlazar mis pies a tus piernas, amoldando mi cuerpo al calor del tuyo. Pero hay algo que ha cambiado. Algo en mí. Algo en tí. Algo que hubo una noche en tu casa de Valencia y ahora he perdido. Me lo dejé en un andén de Tribunal, quizás de Sol.
No sé cómo agradecerte todo lo que me has dado, todo lo que me has dejado sentir. No sé describir lo alucinante que ha sido tener la oportunidad de amarte, y la oportunidad de dejar de hacerlo. Porque rezo por no volver a sentirlo jamás.
Lo necesité. Lo necesitabas.
Pero ya está, ya hay PAZ.

8 nov. 2010

Superviviente.

Nunca te he visto más alto
ni más guapo ni mejor.
Te han sentado bien los años
y me alegra oír tu voz.
En el fondo de tus ojos,
donde guardas tus caminos,
lo que llena y lo que duele
y lo que nadie más ha visto,
es ahí donde me quedo.

Y en mi nueva paz: respiro.

Ella Baila Sola

3 nov. 2010

Blue skies from pain.

La arena estaba templada y yo permanecía sentada, inmóvil, abstraída, notando bajo mis pies cada pequeño grano de esa inmensidad. La playa casi parecía otra al ser de noche.
Siempre olvido cuánto me gusta el mar.
La botella de ron animaba mis pensamientos de un modo extrañamente triste. Nunca pensé que el dolor pudiera sentirse con tal profundidad en un par de tragos: a medida que el líquido descendía, mi pesar incrementaba. Me inundaba esa clase de embriaguez que caracteriza a los bebedores crónicos. Ese querer ahogar algo que vive en el interior.
Entonces apareciste tú.
No me dí cuenta hasta que no te sentaste a mi lado y me ofreciste un Lucky. Fue como compartir el dolor, aunque ni siquiera supieras de qué se trataba. Nunca te pedí que te quedaras, pero supiste quedarte. En silencio, claro. Hablando un poco con el alma, un poco con los gestos. Tratando de difuminar mis pensamientos con tu presencia.
Siempre tuviste esa curiosa capacidad para sacarme del mundo y trasladarme a esa incomprensible dimensión de la música. Ese lugar donde no existen tiempo y espacio. Donde ahora es ahora y todo es eterno. Me hubiera quedado a vivir en ese instante, sin pensar en las horas que vendrían luego. Te hubiera dejado invadir ese tramo de mi que nadie logra tocar. Pero en el mundo real... en el mundo real todo es distinto.

2 nov. 2010

Rincones abandonados.

Apoyé la cajetilla sobre el mármol frío y encendí un cigarrillo en busca de algo de paz. El humo se filtraba en mis pulmones del mismo modo que mis cavilaciones atravesaban mi mente. Me pregunté cómo sería todo al salir de esa habitación, cómo haría para encajar de nuevo mi mundo. Pensé en la vida que jamás tendríamos, en las cosas que no llegaríamos a decirnos. Jugueteé con la idea de volver a encontrarnos en una tarde de lluvia de verano.
Aún dormías, ajeno al maremoto de ideas que atormentaban mi cabeza. Aún dormías, creyendo estar abrazado a mi cuerpo todavía. Aún dormías, tranquilo entre el barullo de sábanas blancas que te rodeaba.
Soñando, quizás.
Traté de convencerme de muchas cosas, pero lo único que deseaba era evitar el olvido. Evitar que todo aquello quedara en un vago recuerdo de un pasado muy lejano, evitar que se convirtiera en escarcha, congelada, tras una noche de delírio humano. Pero mi cabeza no encontraba paz: reposada sobre la barandilla de aquel balcón, observando cada tramo de su piel, inhalando nicotina y alquitrán. Difuminando versos, queriendo convertirlos en caricias, en besos, en suspiros. Calculando cada movimiento cansado de su cuerpo buscando la postura más comoda sobre el colchón. Sabiendo que ese cuarto sería nuestro secreto.

Te podría haber amado, para siempre. Podría haber sido tu guarida, tu pilar, tu sustento. Podría haber apartado todo ese dolor. Pero tú nunca quisiste pertenecer a ninguna parte y, por mucho que busqué, jamás encontré ese lugar. Pero entonces yo no era quien soy ahora.

1 nov. 2010

Hoy no me llena nada que no seas tú.

Hoy ya no sé qué quiero. Hoy lo daba todo por dos segundos con su risa, con sus palabras, con sus manos al hablar. Hoy abandonaría el mundo solo para huír de la realidad. Volvería a aquel velero con nombre de submarino y acariciaría el mar. Me dejaría llevar por la brisa marina de esos momentos plenos, de noches en vela entre cigarrillos y cavilaciones.
Es fácil echarle la culpa al recuerdo y hundirse en la nostalgia. Reconozco que nunca he sido capaz de vivir mi presente sin pararme en el pasado. Reconozco esa frustración, esa desilusión, ese sentimiento de culpa al no haber aprovechado lo suficiente el instante.
Pero hoy no sé qué quiero y tengo celos del que vive sin pensar. Hoy quiero desligarme de todo y no encuentro la forma, no hay manera humana de dejar de echarla de menos. Mi casa, mis emociones, mis actos y mis pasiones, mi tristeza y mi alegría, llevan tatuado su nombre. No hay nada mío que no se pose en esas siete letras.