23 ago. 2010

Casiopea.

Silencio.
Sublime silencio entre tú y yo.
Y el ruido de las pipas.
Ese simple y absurdo crujir.
Tú y yo en un balcón con vistas al mar,
ese pequeño Mar de mi Alma.

Continúa el silencio.
Incluso olvido lo cobarde que eres.
Incluso olvido lo estúpida que soy.
Y me vuelvo torpe por segundos con tu mirada sobre mi.
Una mirada serena, repleta de ese odio profundo que sientes por mi.
Ese odio que trata de esconder todo el amor que nos rebosa.
Y estoy segura de que es una tontería, de que puede que me esté matando pero, es imposible que alguien como yo no acabe por enamorarse de alguien como tú.
Y eso que enamorarse no es sencillo,
no basta con sentirlo; hay que oírlo.

16 ago. 2010

Valor, agallas y fortaleza.

Este texto es difícil. El más difícil, quizás.
Este texto dice adiós a algo. A un sentimiento. A una persona.
Este texto habla de el mar descolocado de mis emociones.

Abandonar a quien se ama no es sencillo. Hace falta valor y agallas y fortaleza. Y yo casi siempre he carecido de esas cualidades. No soy una persona valiente, y lo admito. Pero esta vez me hace falta. Esta vez necesito mentirme, engañarme, convencerme de que esa otra persona no debe existir para mi.
En sí es complicado retener el constante impulso de llamar y negar todo lo que dije la otra noche. En sí es complicado retener las ganas de escribirle algo que nos devuelva a la extraña situación de antes. Pero, lo más complicado, lo que más duro se me hace, es el hecho de verme obligada a asumir que no merece la pena sentir lo que siento por él. El hecho de darme cuenta de que llevo un año haciendo el imbécil tratando que Tono cambie, tratando que asuma su miedo y su cobardía, tratando que acepte que es capaz de amar.
Y ahora todo me da miedo.

Ojalá me atreviera a decirle todo lo que nunca me atrevo a decirle. Ojalá pudiera confesar lo torpe y estúpida y rara que me siento ahora mismo. Ojalá él recordara todo aquello que me ha dicho en nuestras noches de borrachera.
Porque, lo que más me duele, lo que más me destroza, es el haberle visto amarme y que él no se de cuenta. Porque a veces siento que muero cuando no sabe decir que me quiere. Porque no entiende nada sobre sentimientos, porque no se conoce, porque no se entiende, porque nunca se deja la piel por nada. Y yo estoy cada dos por tres jugándome el pellejo. Intentando creer que seré capaz de cambiarle, que conseguiré sacar todo aquello que guarda dentro y no es capaz de comprender.
Pero se acabó.
Me cansé de pegarme una y otra vez contra la misma puerta.
Esa puerta que me cierra en las narices cuando le entra el miedo.
Y, aunque le quiero como nunca he querido a nadie, no puedo tenerle cerca.
Porque me derrumba el ver lo ciego que está.