13 jun. 2011

Un día cualquiera no sabes qué hora es

Podría haber dicho mucho más de lo que dije. Tuve la oportunidad. Y no es que la desperdiciara, es sólo que las palabras se quedan insignificantes cuando lo que quieres expresar sobrepasa los términos de la lengua española. Además, no son más que fonemas, términos que inventamos para comunicarnos. Términos que dejan de funcionar cuando posa su mirada en mi boca y esboza esa media sonrisa, levantando el lunar que tiene justo encima del labio, en la parte derecha, y refleja toda esa paz que sabe que no aguanto. Y lo increíble es que lo consigue, logra que se me pase el caos y disfrute ese momento de sinceridad muda, ese momento en el que sólo estamos él y yo, y la radio. Casualidad es que suene la canción, y que suene en ese instante, como si la emisora supiera que debía hacerlo. Y la luz de la mañana no entra en la habitación porque es de noche, pero la existencia se llena de claridad y yo he vuelto a nacer, arropada en los brazos de alguien que, por fín, merece la pena querer. Porque jugó a saltar sin red, sin miedo y sin dudas, y me ha dado la fuerza que me faltaba. Me ha regalado esa felicidad que nunca supe donde encontrar, la misma que deseaba desde hace tanto. Y tan sólo me dice "Quédate", y la vida tiene sentido.

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