13 jul. 2010

Volverse loco.

Me he enamorado de la humildad de un hombre bueno.
No estoy segura de si eso es posible, quiero decir, lo de enamorarse de una cualidad de alguien... pero, me he enamorado de la ternura de alguien a quien conozco de unas pocas noches en un lugar donde siempre ha residido mi corazón. Y mi infancia.
Quizás tan solo ha sido la intensidad de esas madrugadas de eterna locura, quizás me entrego demasiado rápido a los sentimientos, quizás me sedució el hecho de poder ser quien soy, sin poses ni mentiras, con alguien tan simple, tan sereno, tan... pues eso, humilde. Una persona que no deja de machacarme a la ajedrez y no le importa darme calor cuando estoy muerta de frío. Porque, de algún modo, hemos mantenido una confianza y un compañerismo sospechoso para las relativas pocas veces que nos hemos visto.
Y quiero creer que no es algo que me suceda solo a mi.
Quiero creer que muchas otras personas sienten lo que he sentido junto a él.
Y eso que jamás pensaría en mantener nada más allá de la amistad que tenemos.
Pero siento que le quiero de un modo casi imposible. Siento que daría lo que fuera por salvarle del miedo y la tristeza. Siento que merece la pena vivir y descubrir solo por el hecho de encontrar a gente como él. Aunque haya sido una locura. Pero, ¿acaso la vida no consiste en eso; en volverse loco de amor, loco de celos, loco de envidia, loco de alegría, loco de nostalgia, loco de emoción, loco de odio, loco de ganas por continuar...?

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