17 nov. 2010

Dame una noche, inventa una excusa rara.

No voy a mentirte, he pensado en hacerte el amor más de una vez, más de dos, más de tres. Más de las que puedas imaginar, más de las que pueda recordar. No tengo dónde ir, camino sin dirección, soñando con compartir un par de tus latidos bajo las sábanas de una cama perdida en la ansiedad, en mitad de ningún lugar.
Una tarde para encontrarte,
una noche para perderme,
una mañana para disfrutarte,
un medio día para olvidarlo.
Se hace tarde y mi corazón no duerme, sumergido en la nostalgia de lo que no se hecha de menos, de lo que se desea sin motivo. Es la locura de mi personalidad mediocre. Es el impulso de tumbarte en el suelo de la habitación y cometer una falta en nuestra relación.
Dime, ¿cómo? ¿Cómo hago para apagar el fuego que arde si el único cubo de agua lo tienes tú? Y lo escondes con palabras, entre miradas que desconciertan mis ansias. Ojos verdes, déjate de tonterías. Ya sabes que si llamas, soy la primera en ir.
"¿En tu casa o en la mía?".
Qué más dá, la que más camas tenga.

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