3 dic. 2010

Recuerdos en clave de nostalgia alegre.

No sé cómo lo hacíamos, pero era nuestro pequeño mundo.
Me enseñaste a soñar, ¿sabes? Me diste el valor que me faltaba para agarrar mis ideales. Aprendí que todos tenemos algo por lo que luchar, algo que defender. Que si no sientes pasión estas muerto. Que una vida sin dolor no es una vida. Que la felicidad se mide a ratos y solo en base a la tristeza. Le diste la vuelta a todo, conseguiste convertir lo amargo en dulce. Agarraste mi mano y tiraste de ella sin saber hasta dónde podíamos llegar. Y volamos alto. Sin rumbo. Siempre sin rumbo. Compartiendo cigarros en la cama y pensamientos en el café. Yo escribía, tú pintabas. Nos dejábamos llevar por la madrugada. Y ese amanecer a tu lado. Ese fantástico amanecer a tu lado. Desnuda pero arropada. Cubierta de tu olor. Nuestro olor. Aquellas mañanas era yo, sin dudas ni complejos. Era yo en mi más sincera forma. Era yo, contigo.

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