31 mar. 2011

Llévame de vuelta a tu mar

Mi debilidad está en su mirada, constante, atractiva, y en el modo que tiene de quedarse dormido junto a mi sobre esa cama, y mi insomnio siempre presente. ¿Quién tendría sueño a su lado sabiendo que se marchará? El problema con las personas es cuando te acostumbras a ellas, cuando su lunar en la nuca es la perdición, cuando su risa se convierte en la cosa más genial que hayas conocido nunca, cuando necesitas sus palabras para sentirte vivo. El problema con las personas es cuando te acostumbras a ellas, y olvidas que algún día te irás, o se irán. Y por eso tiendo a huir, a largarme antes de que eso ocurra, aunque ya haya ocurrido. Por eso soy siempre yo quien se marcha, quien se aleja, quien abandona la cama cuando siento que la mañana está a punto de comerme. Me levanto y hago café, y escribo, escribo qué he sentido, y cometo el error de no estar en ese colchón, con esa persona, disfrutándola, escuchándola respirar, hundiéndome en el placer que es compartir un sueño denso. Porque ese amanecer descolocado, y el oleaje de las sábanas, y sus manos, son algo que no quisiera perderme nunca y que, sin embargo, ya he perdido. Vuelve, te lo suplico.

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