21 nov. 2011

Sentimentiras

Prometí que te esperaría. No importaba cuánto. A pesar de todo ambos sabíamos que no era un tema de tiempo, sino que tenía más que ver con la concienciación, con el cambio de opinión. El amor había acabado, pero como se dice, donde hubo fuego aún quedan cenizas.
Al principio lo tuve claro, y los días se hicieron eternos en una espera muda, crítica. El recuerdo me acosaba a cada paso: nuestra tormenta de pasión se convertía en una marejada de horror. Pasaron los meses y el olvido entró en juego, la memoria cada vez era menos nítida, me costaba evocar tus gestos, tu mirada, la forma de tu boca, el color de tu pelo. Los meses pasaron a ser años y, cuando quise darme cuenta, la promesa se había convertido en un cliché que dejaba de tener sentido. Me asusté y volví atrás en mis cuadernos, releyendo mis sentimientos. Y comprendí que mi corazón no era para siempre, que todo tiene su fin, ya no podía recitar que si me quedo sin gasolina, me muero. No. Ya no muero más por ti. Pero "tengo mi tristeza siempre ahí, escondida, poniéndose guapa...".

2 comentarios:

  1. "quizás fueron las ruinas que dejé detrás, por eso hoy no le temo al fuego, pero sí a las cenizas"

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  2. Es muy triste buscar entre tus recuerdos detalles de una persona y no hallarlos. Además, es muy frustrante.
    Me gusta mucho esto que has escrito.

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