14 dic. 2011

Smoking last cigarettes

Se sienta en la cama de espaldas a mi y se quita la camiseta para colocarse el sujetador y la ropa de anoche. Piensa que estoy dormida, o dormitando, o quizás finge no saber que estoy despierta, que la observo con calma, que me deleito con la belleza de su espalda, con la perfección de su piel, con su precioso y desenfadado cabello rubio recogido.
Su ambigüedad: su mayor virtud, su peor vicio. Ese desconocer qué sabe, qué siente, qué quiere de mi. ¿Debería levantarme, abrazarla, decir que la amo con dulzura, con cariño, con calor, con amargura por necesitarla y no saber tenerla? ¿Debería disculparme, objetar que todo lo que dije no tiene sentido, admitir que me equivoqué, que la cagué y ahora no sé cómo actuar? "Quincy, mi vida, te adoro, ¿qué debo hacer?". Pero estoy demasiado cansada, o demasiado confusa, y me bloqueo, permanezco tumbada en la cama, arropada, sumergida en mis pensamientos, observando como se arregla.

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