14 dic. 2011

Torcido, herido

Dejé tantas cosas por decir que, incluso cuando todo había acabado, sentía el terrible impulso de volver para continuar todo aquello que no hicimos. Así, de algún modo, poder contarle lo que sentí la primera vez que me abrazó, o ese día que apareció en Madrid y yo fui la primera persona que fue a ver, o la emoción estúpida y sincera en aquellos viajes en autobús hacia el Levante, o tener la oportunidad de leerle cada uno de mis escritos, los que tomaban forma mientras él dormía y yo disfrutaba del primer café de la mañana.
Inventé mil excusas para regresar y compartir lo que nunca llegamos a compartir. Pero hay que conocer los límites y saber cuándo plantarse. Sino, acabarás apostándolo todo a un número que no existe; o que quizás existió, pero que ahora forma parte del pasado.

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