27 sept. 2011

Compartimento de sucesos

Fue como encontrar las piezas que faltan en un puzzle para encajarlas y reconocer que se trata de la Torre Eiffel o una imagen de Nueva York. Y es lo que sucede siempre con la vida, que carecemos de algunos fragmentos para encuadrar el verdadero sentido del todo final.
Nadie tiene la fórmula perfecta ni el manual de instrucciones definitivo, pero fue entonces cuando descubrí que la existencia no consiste tanto en el resultado de la ecuación como en los cálculos que hay en medio.
Al fin y al cabo la vida son sólo eso, momentos, circunstancias, acciones o sentimientos que nos llevan por un camino u otro, y hay que saber que ninguna elección es necesariamente correcta o incorrecta, sino el modo que tenemos de formarnos a nosotros mismos; y que lo único a lo que podemos aspirar es a conocernos del modo más completo posible, pues sólo así sabremos dónde se encuentran nuestros límites, para intentar atravesarlos. Y seguir creciendo.

1 comentario:

  1. Uf... no. Quién diría que acabas de salir del Opus Dei.

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